MIRADAS – Persiguiendo un sueño

Persiguiendo un sueño

A partir de un cuento del nobel José Saramago, La isla desconocida, desde México en una COPRODUCCIÓN PUÑO DE TIERRA/COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO/UNAM, nos deleitaron con una genial adaptación, que a veces parece una muy buena reescritura, con la obra MUJERES DECIDIDAS E INSISTENTES QUE LAVAN Y REMIENDAN SUS PROPIOS CALZONES.
En un puerto lejano, hay un rey que se dedica a la vida muelle, a gozar de los regalos con que lo halagan sus súbditos, a mantenerlos subyugados pero sin que se percaten de ello, y a gozar la vida como una pop star, con guitarra eléctrica incluida, terciada en su hombro. Los sirvientes se dedican a lo suyo, la cocina, las costuras y el mantenimiento del palacio, nada perturba la rutina.
Para entrar al palacio, existen tres puertas, la más grande para recibir los regalos, otra pequeña para las peticiones y la más pequeña, la de las decisiones. La de los regalos es la única que permanece abierta y en la de las peticiones solo hay hombres desesperanzados, casi nunca atendidos y ahora una mujer decidida. Al indagar sobre el motivo de su presencia, ella manifiesta su necesidad de hablar con el rey, ante tal despropósito, se da la orden de abrir la puerta, correrla y echarla.
Pero ella imperturbable, insiste en que tiene una importante petición, se le instruye sobre pasar la petición por escrito y echarla por debajo de la puerta, a lo cual contesta que necesita entregarle la solicitud directamente al rey y que si es necesario esperará toda una vida. Su presencia afuera resulta incomoda y suscita inquietudes entre los súbditos, el pueblo y todo el que la ve afuera, instalada tan segura de sí misma. Constituye el estoicismo puro, ya que el rey había mandado decir que de ninguna manera bajaría a hablar con ella.
La constancia, la reducción en la recepción de regalos y la preocupación del rey de que lo vieran como autoritario y desinteresado por el destino de una solitaria y persistente mujer, lo movieron a bajar a hablar con ella, quien de inmediato le solicitó que le diera un barco para ir a buscar una isla desconocida, a lo que él le respondió que no había islas desconocidas y que le regalaría todos los mapas del mundo para que constatara que eso era cierto, a lo cual ella contraargumento que si había y que lo demostraría. Ante tanta terquedad de ella, los apoyos de viva voz del pueblo y el temor a perder su imagen, le dio una autorización para reclamar en el puerto un barco estable, para que no fuera por accidente a zozobrar y ser responsable de su infortunio.
Al salir hacia el puerto y ante esa seguridad, algunas trabajadoras de palacio, orgullosas por ese ejemplo, tomaron su destino en sus manos, la mujer de la limpieza salió por la puerta de las decisiones, presurosa sin mirar atrás, la costurera cruzó la misma puerta sabiendo que no podía regresar. Al instalarse en el barco asignado, cada una se dedicó a lo suyo, a limpiarlo, arreglarlo, remendar las velas, espantar las gaviotas, revisar la alacena, etc. mientras la mujer decidida iba a la taberna del puerto a buscar tripulación, pero solamente encontró un brutal rechazo y ultrajes por parte de las reglas tácitas del machismo reinante, allí también.
Al regresar desesperanzada y desorientada, por tanta canallada, fue acogida por las otras valerosas mujeres, quienes le hicieron recobrar su seguridad, tenacidad y persistencia, comprobando que muchas veces la tierra, puede ser más peligrosa que la mar. Así que siguieron con su sueño colectivo de encontrar la isla desconocida, bautizaron el barco así y con la mujer decidida como capitán y ellas como tripulación continuaron con la persecución del sueño.
La escenografía resulta muy adecuada, tanto la del castillo, como la del barco y la taberna, los trajes, las formas de expresión, el aspecto desenfadado del joven rey y muchos otros elementos le dan la verosimilitud requerida y la poética del texto transformado, constituye gran acierto al tomar como protagonistas a las mujeres decididas, persistentes, corajudas y que no se amilanan ante los tropiezos que muchas veces los hombres propician.

Germán Sarasty Moncada
Profesional en Filosofía y Letras
Universidad de Caldas