MIRADAS – Erradicación del mal

Erradicación del mal

Hay lugares que se pueden catalogar como temibles, sombríos, terroríficos, la monstruosidad está presente en todas partes…, anuncia el mayordomo de la Mansión Gualteros, con un tono de voz seguro, pero desafiante y premonitorio. En esta mansión habita como “amo”, una actriz de cine mudo, en el ocaso de su carrera mas no de sus desvaríos y excentricidades.


La fachada con la que se ocultan sus designios, es la de un lugar clandestino al cual acuden “invitados” de la ciudad y otros lugares, a continuar o empezar su fiesta cuando los demás sitios púbicos autorizados, deben cerrar, es entonces una continuación del desenfreno, o como dicen los gomelos un “after party”, en un lugar alejado, solitario, bien ambientado, con fina atención y melosidad y cortesía de parte de la infanta Augusta Jonás, ama y señora, aunque prefiere que su mayordomo Mesmer, la trate como amo, pues no está de acuerdo con los vocablos en femenino, otra de sus extravagancias.


Allí acude asustada y presurosa Luz Dary, en busca de sus hermana menor Yenny, adicta a estupefacientes y que no ha regresado a casa hace tres días. Aunque con frialdad, la acoge Mesmer en traje de sacerdote y explica que no lo es, pero es del gusto de la dueña. Ella muy decidida ante la invitación de que entre y deje un poco de la felicidad que trae, categóricamente dice que viene a ver a su hermana y el mayordomo le contesta, que eso quisieran todos. Ella insiste que vino en busca de su hermana, la encuentra, se la lleva y listo, pero así no funcionan las cosas allí.


Desesperada llama a gritos a su hermana, en medio del ruido de una tenebrosa tempestad, lo que hace que se despierte la infanta, pero en lugar de reproches acoge con cariño a Luz Dary, a tal punto que terminan tomándose un Martini, que obviamente sedará a la chica. Al despertarse del letargo, encuentra a una niña de trenzas con la ropa de Yenny y esta le explica que es para que se sienta ella en confianza, igual se da cuenta que le han cambiado su ropa y en la búsqueda de su hermana, en todos los cuartos comienza la cadena de horrores, cada vez que abre una puerta, manchas de manos ensangrentadas en un espejo, ropa destrozada en otro, imagen de un niño torturado, perros comiendo algo como restos de ropa, pero con carne, etc. la tensión va en aumento y cada vez creemos imposible ver o sentir algo más mortífero, nos sentimos al borde de algo macabro.


Aunque la búsqueda parezca inútil, máxime sabiendo que de encontrarla no habrá posibilidades de salir, porque los taxis llegan con clientes y se regresan, además la señal telefónica la desconectan a las siete y media, y la policía ha estado allí, pero por diversión, pues admiran a la infanta y su cordial acogida de siempre. La perfección, campea, pues en esa mansión se tiene culto por la estética, aversión a lo ordinario y repulsión por lo inferior, sea objetos o clases sociales. Otra sutil forma de tortura, es el vocabulario utilizado con metáforas a veces difíciles de comprender, pero que una vez se captan, aterran.


Constituyen una forma de selección no tan natural de las especies, creen tener fines superiores que les permitan enterrar los orígenes del malestar. Se proponen acallar el ruido ensordecedor que producen las protestas de los que piden más de lo que ya tienen, es el conformismo para los otros y la acumulación de los privilegiados. Además nunca hacen nada directamente, así mantiene las manos limpias, otros lo harán por ellos.


Muchos han alcanzado allí su último viaje psicodélico, pues como dice mi hija Silvana quien comparte en la madrugada teatro conmigo desde Bélgica, “es como dice la canción de The Eagles Hotel California” Este podría ser el cielo o el infierno….Algunos bailan para recordar, otros bailan para olvidar… pero nunca puedes irte.

Esta obra La Mansión Gualteros del Teatro Petra de Colombia es una clara muestra de la altura con que Fabio Rubiano y su grupo abordan la problemática social, con altura, sin extravagancias, ni amarillismos, pero de una manera muy clara y contundente. Allí tenemos la convergencia de la divergencia, pues es la mirada de unos sobre otros y la percepción de esos otros sobre los primeros, como bien afirmaba Sartre El infierno, son los otros.

Germán Sarasty Moncada
Profesional en Filosofía y Letras
Universidad de Caldas