MIRADAS – BENEDETTI ON LINE

BENEDETTI ON LINE

En Manizales, por estos días de octubre -en tiempos de perplejidad y días soleados-, el Festival de Teatro brilla por su ausencia. En las calles, que suelen ser tomadas por asalto durante la semana de Festival por saltimbanquis, arlequines y acróbatas profesionales, entrenados en los semáforos o dispuestos para la ocasión, ahora transita una romería de hombres y mujeres enmascaradas, cubiertas por tapabocas mal usados y desteñidos. Como si se tratara de una puesta en escena copiada del teatro de máscaras, buena parte de los transeúntes simulan usar el elemento de protección contra el virus global y aceptan transitar por las vías públicas con el rostro cubierto. Para interpretar el guion de la pandemia, la gente incrédula o temerosa, apela a la farsa, al disfraz y al distanciamiento.

En esta ocasión el Festival de Teatro no está en las calles, no se ven los telones de colores eléctricos en las entradas de las salas; nadie conversa sobre las obras en la puerta de entrada al Galpón de Bellas Artes. La conversación se traslada al texto mínimo del WhatsApp: “desde hace mucho tiempo añoraba asistir a un festival de teatro de Manizales y ahora la pandemia me ha posibilitado hacerlo (…)”, escribe alguien desde otro lado del mundo.

La pandemia llegó como si se tratara de una estrategia comercial de impulso al internet de las cosas: de la noche a la mañana, las cuatro paredes del teatro vivo se transformaron en espacios virtuales que construyen otros sentidos para creadores y espectadores. Al trasladarse sin miramientos al mundo virtual, el teatro de tablas adquiere un tono impostado y triste en el cual los diálogos de los actores se vuelven mucho más determinantes.

Quizá por esta última razón resulte más cercana y amable para el público de teatro ver la puesta en escena realizada por el grupo uruguayo Sala Verdi; un homenaje a la manera de una velada de amigos que leen e interpretan con fondo de piano, textos de Mario Benedetti e Idea Vilariño. En Idea y Mario, 100 años, no es necesario adivinar los objetos de la escena o suponer la disposición de los cuerpos de los actores, basta con haber pasado en la adolescencia por sus poemas y canciones para echar ante la pantalla una lágrima por lo vivido.

Mario Hernán López Becerra.