HUELLAS -SÍNDROME DE FRANKENSTEIN

SÍNDROME DE FRANKENSTEIN

Por Alejandro Samper Arango
Twitter: @Demeuna

Cuando más de medio planeta estaba encerrado por cuestiones de la Covid-19 y las actividades culturales estaban canceladas, el National Theater de Londres usó la plataforma Youtube para presentar la obra Frankenstein, entre el 28 de abril y el 7 de mayo. Una producción de dos horas de duración, dirigida por el ganador del Oscar Danny Boyle, y que se pudo disfrutar desde la comodidad de la casa.

Con el paso de los días otras actividades culturales se volcaron a las plataformas digitales – conciertos, ferias de literatura, exhibiciones en museos – para recordarnos que se resisten al confinamiento. Era su forma de conectarse con su audiencia y encontrar nuevos públicos en otros lugares. El turno esta semana fue para el 52º Festival Internacional de Teatro (FIT) de Manizales.

A pesar de que la medida de confinamiento obligatorio ya se levantó, todavía no se permite ir a los auditorios. Entonces, como lo hizo el National Theater, el FIT transmitió por sus plataformas digitales las obras de los grupos de los países invitados y exploró otros formatos en desuso como el radioteatro. El alcance de esta propuesta la dirán los algoritmos, no la taquilla del teatro Los Fundadores u otras salas de la ciudad.

Es una alternativa cómoda y dinámica. A mediodía, por ejemplo, se podían seguir los conversatorios programados sin la necesidad de sacrificar el almuerzo. O conectarse, al caer la tarde, desde el celular para ver la obra programada mientras se va en la buseta, sin nadie al lado para hacer comentarios. Es la nueva realidad. Sin filas, sin aglomeraciones y todos en primera fila porque allí no existe la platea o los palcos.

Los puristas, sin embargo, señalan que esto va en contra de la esencia del teatro. Que la actuación mediada por cámaras y pantallas anula la conexión entre actores y público. Es acabar la magia y, los más apocalípticos, señalan que es el fin del teatro como lo conocemos. El dramaturgo español Luis Guillermo Heras es de estos últimos al considerar que “es bastante absurdo intentar reproducir las sensaciones que otros medios artísticos pueden producir en la actualidad”. Pero lo mismo dijeron cuando, en 1888, Louis le Prince rodó con su cámara La escena del jardín de Roundhay. El teatro continuó y lo que hizo fue incorporar estas nuevas herramientas a su dramaturgia.

Ese temor a que las misma fuerzas utilizadas por el ser humano para controlar algo se vuelvan contra nosotros y nos destruyan, es conocido como el Síndrome de Frankenstein. Y, como la criatura imaginada por Mary Shelley en 1823, el teatro mediado por tecnología buscará su espacio y ser comprendido. Quién sabe, de pronto Danny Boyle está en este momento sentado en la comodidad de su casa siguiendo alguna obra del FIT.