“La tarea del escritor es metaforizar el mundo, poetizarlo. Su mirada poética descubre las ocultas relaciones amorosas entre las cosas…” Byung-Chul Han “La salvación de lo bello”

Después de múltiples desvelos, todos los que hacemos encuentros y festivales en el mundo debíamos lidiar con la disyuntiva que se nos presentaba en la forma de la vieja cuestión: ¿Qué hacer?. Algunos respondieron con cancelaciones o aplazamientos, el fantasma de posibles quiebras y de la urgente necesidad de ayuda han dejado su huella en las artes y la cultura desde que la pandemia se apoderó del mundo, nuestra respuesta para las audiencias fue proponer cada vez más experiencias culturales que no impliquen sumergirse en un mundo “netflix”.

Nadie sabe con certeza cuándo podremos volver a estar juntos de una manera que se parezca a la comunidad cultural que teníamos antes de que la enfermedad hiciera entrar al mundo en hibernación. Incluso cuando “volvamos” y se haya superado oficialmente la crisis, la humanidad se verá tan afectada y asustada que nuestros patrones de comportamiento colectivos se transformarán sin que sepamos hacía adonde. Ahora tenemos razones para hacer una pausa y reflexionar sobre cómo la vida cultural no solo puede sobrevivir y perdurar, sino prosperar y crecer en nuestra nueva realidad.

En este contexto histórico se están generando nuevos espacios para la creatividad que ven la crisis como el inicio de algo nuevo. Tenemos el tiempo y el espacio para la reflexión, desde la cercanía a la familia o desde la soledad , para redefinir nuestros roles y pensar qué es lo que nos lleva hacia adelante en un mundo que parece estar enloqueciendo.

Cuando estábamos planeando el festival de este año con el tema “algo cruje…”, por supuesto, no habíamos previsto que la palabra adquiriera un significado casi profético. Los movimientos sociales agitaban el mundo desde la diversidad, los jóvenes reclamaban sociedades más justas e incluyente, y los movimientos sociales proponían equidad y sociedades que pensaran en su legado de futuro y compromiso con el medio ambiente. En ese contexto comenzaron a moverse los engranajes del festival, invitaciones a compañías y propuestas escénicas que se insertarían en ese eje curaturíal; pero pronto vimos cómo las posibilidades se desvanecían a medida que los aeropuertos y las fronteras comenzaban a cerrarse. La movilidad digital ocupó nuestro espacio de reflexión y de acción, y nuestro eje de interés se centró en la transformación digital y esa aproximación creativa desde lo transmedial. Entendimos que las artes seguirán en movimiento, las limitaciones pueden ser un poderoso estímulo creativo, incluso recordamos esa leyenda urbana según la cual William Shakespeare escribió El rey Lear en cuarentena en un Londres visitado por las plagas.

El Festival de Manizales ha trabajado con estrategias de apoyo para dar al contenido artístico nuevas formas de convivencia con los entornos . Este año hemos presentado un festival con una amplitud y una diversidad artística que hizo que nuestro gran público nacional e internacional, desde la ‘primera fila’ de sus hogares, haya podido experimentar múltiples opciones con sello distintivo del Festival de Manizales.

El arte y la cultura definen quiénes somos y como “trabajar juntos” como proponía Yo- Yo Ma, la incertidumbre que se cierne sobre nuestro futuro colectivo exige que comencemos por dejarnos transformar por la emergencia social de nuestro tiempo. Sin embargo, al mismo tiempo, es vital que persistamos en la integridad de nuestros procesos creativos y pasiones artísticas, probablemente esa será nuestra tabla de salvación frente a la desesperanza.

OCTAVIO ARBELÁEZ T. Director