DIALOGOS – Dos Hermanas

Dos Hermanas continúa en el telón virtual del Festival Internacional de Teatro de Manizales

Por Ángela Patricia Jiménez Castro

La edición número 52 del Festival Internacional de Teatro de Manizales llega con la noble convicción de reencontrarnos a través del arte escénico y disipar las fronteras físicas que hoy nos impone la nueva, pero parcial realidad. Desde ayer, abrimos el telón de las pantallas y nos ubicamos en el patio de butacas, ese lugar que puede estar en cada uno de nuestros hogares o por qué no en nuestros nuevos o habituales espacios de trabajo. Hoy, el Festival nos convoca para abrazarnos y ser la voz de la expresión y la sensibilidad humana, en una particular comunión que nos invita a conectarnos con otros códigos teatrales que, sin lugar a dudas, nos extraen de este mundo conmocionado.

La fiesta escénica en el Teatro Virtual Fundadores continúa hoy con el segundo capítulo de Dos Hermanas, producción uruguaya pensada como una serie virtual de cuatro episodios que narra la historia de dos hermanas que viven los días de la pandemia, en cuarentena, pero en lugares distintos, una de ellas (Leonor) está en Montevideo y la otra (Flor) vive en Río de Janeiro. Diversas situaciones se generan a partir del estado de confinamiento y de las implicaciones de la comunicación virtual, como dudas, incertidumbre y malas interpretaciones.
Dialogamos en TEXTOS acerca de la obra con Gustavo Zidán, director de Sala Verdi en Uruguay y productor, junto a Kashmir, de Dos Hermanas:

TEXTOS: ¿Cómo nace la idea de crear una obra en formato virtual?
GUSTAVO ZIDÁN: Nosotros tenemos un antecedente de haber trabajado en un período prepandémico con un lenguaje y con herramientas parecidas a las que encontramos en Dos Hermanas. En el año 2018 hicimos Latencia, un espectáculo que también estaba protagonizado por las dos mismas actrices, una en Montevideo y la otra en Río de Janeiro, la diferencia era que la obra transcurría con públicos en los teatros, y a partir de esa experiencia quedó la posibilidad de trabajar otra producción con un formato parecido que precisamente dio vida en el periodo del confinamiento. Inicialmente presentamos la serie con un capítulo durante 4 viernes cada 8 días, con transmisión en vivo.

T: Pensar en hacer una obra a distancia desde la virtualmente parece un reto, ¿cómo fue la interacción entre el equipo creativo?
GZ: Fue un trabajo titánico, todos los ensayos fueron online. La directora, Claudia Sánchez, ha estado muy cerca de todas las técnicas vinculadas a la tecnología en el teatro y también tiene mucha intuición para manejar este tipo de lenguajes. Para llegar a este resultado de cuatro capítulos de 25 minutos cada uno tuvieron que trabajar muchísimo.

T: ¿Cuánto tiempo se demoró la consolidación de la serie teatral?
GZ: Es una idea que trabajaron el dramaturgo, la directora y las dos actrices, ensayaron mucho, no menos de tres o cuatro semanas estuvieron trabajando. La serie tiene muchos detalles, nada sucede gratuitamente, son 20 minutos que transcurren en un cuadro visual muy acotado. Incluso lograron que los cuatro capítulos fueran muy diferentes a pesar de que suceden en las mismas casas.

T: ¿Cuáles son los lenguajes dramatúrgicos de la obra?
GZ: Hay instancias dramáticas, instancias de humor, otras son muy emotivas, algunas son bastante absurdas y aparecen unas que lindan en el lenguaje del thriller. La temática es muy ecléctica, en una especie de lenguaje que encuentra muchas formas. La serie tiene un componente emotivo muy fuerte que se va transitando y desencadena en un momento catártico, también aparece el concepto de antropofagia y referencias a las realidades políticas y sociales de cada uno de los dos países (Uruguay y Brasil).

T: Por su naturaleza la obra fue pensada para desarrollarla en formato virtual a partir de una serie de cuatro episodios; en este sentido, ¿podemos pensar en que existe una simbiosis con el lenguaje cinematográfico?
GZ: Con este trabajo no se apostó al lenguaje cinematográfico. Por el contrario, se trató de respetar algunos códigos de la teatralidad; por ejemplo, todos los objetos que hay en escena los manipulan directamente los actores, no hay ningún tipo de efecto por fuera de lo que el actor pueda hacer. Nosotros no estamos preparados para afrontar profesionalmente el lenguaje audiovisual o cinematográfico, porque tiene otros códigos.

T: ¿De qué manera se piensa la relación proxémica del espectador con Dos Hermanas?
GZ: Depende del acuerdo que se haga entre el espectador y los artistas; es decir, uno puede aceptar la fantasía. Cuando yo vi la obra por primera vez, desde mi casa, traté de recrear la situación como si estuviera en una sala de teatro. Entonces se trata de aceptar este código, y creo que eso es válido para estos contextos que estamos viviendo. Ojalá en el Festival de Teatro de Manizales las personas se predispongan a aceptar ese juego y recrear esa instancia de decir, desde sus casas, al ver la serie: “bueno estamos en algo muy parecido al teatro (como espacio físico)”.

T: ¿Consideran seguir explorando estos nuevos códigos teatrales para la escena virtual?
GZ: Cuando estábamos confinados leímos el artículo de Peter Brook denominado “Teatro de confinamiento: el show debe continuar”, y allí decía: “es lo que tenemos a mano y es lo que podemos hacer: hagámoslo”. Se han hecho cosas interesantes con este lenguaje y es precisamente la creatividad lo que ha mantenido la actividad escénica viva, pero esto es circunstancial y esperemos que sea de las últimas veces que tengamos que hacer teatro por esta vía. A mí me emociona mucho que Manizales pueda realizar esta edición, pero a su vez me pone muy triste no poder estar ahí. Hace más de una década que voy, es una plataforma de encuentro, de conocimiento, de aprendizaje y de contacto con este espacio de las artes escénicas. Nosotros estamos formados en las artes escénicas y estas son artes presenciales. Entonces inmediatamente se dio la posibilidad de regresar a la escena presencial en Uruguay, lo hicimos.

T: ¿Cómo reciben la invitación a participar en el Festival Internacional de Teatro de Manizales?
GZ: Con mucha alegría. Manizales es un referente, Octavio Arbeláez es un amigo, y yo lo defino como un demoledor de fronteras porque siempre ha trabajado para la integración, la circulación, tender puentes y hacer que todos nos sintamos más cercanos. Cuando voy a Manizales me siento como en mi casa. En ese sentido, Octavio ha trabajado toda su vida para que suceda todo el milagro de la integración, eso es para mí el Festival de Manizales.

La obra: primer episodio:
Leonor, una docente que vive en Montevideo (Uruguay), soltera, confinada por el comienzo la pandemia y un poco angustiada preparando su clase virtual recibe fríamente varias llamadas de Flor, su hermana, una periodista sin trabajo, que vive con su hija adolescente a quien tiene enseñar trigonometría, compromiso que la angustia, pues desde muchos años no practica esta área. Flor vive en Río de Janeiro, Brasil, un país que revela, por los diálogos entre las hermanas, su crisis política, social y económica y los efectos del confinamiento.

Parece que un extraño entra, en medio de la noche, a la casa de Flor; es evidente su desespero y pánico por la extraña situación, emociones que intenta compartir con su hermana a través de una video llamada; pero Leonor, al principio un poco incrédula termina por contagiarse de esa misma sensación. Ahora la angustia por averiguar lo que pasa en la casa de Flor es compartida, las dos hermanas a 2.000 km de distancia y en medio de la cuarentena, empiezan a vivir ansiedad, zozobra e impotencia.

La impresión que me deja el primer episodio de Dos Hermanas es interesante. En primer lugar, percibo la naturaleza teatral de la obra a pesar de nacer en un formato virtual; un ambiente de thriller, una trama, al parecer, bastante dramática y unos leves tintes de humor logran captar la atención del espectador en esos primeros 20 minutos de la producción, la cual, a primera vista pareciera estar narrada en zigzag, no de una forma lineal, que para mi gusto resalta, en capítulo I, la apuesta dramatúrgica de Dos Hermanas.

“No se puede ser periodista en un país tan peligroso como Brasil, siempre te puede pasar algo”. Esta frase de Leonor y otros diálogos y expresiones que se desarrollan en la obra sugieren un trasfondo argumentativo crítico que empieza a hablarnos como sociedad y a generarnos cuestionamientos. Sin duda, hoy quiero ver el segundo episodio de Dos Hermanas.