Creación en cuarentena: variaciones alrededor de la nada

Creación en cuarentena: variaciones alrededor de la nada

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Por: Adriana Villegas Botero*

¿Cómo es el ejercicio creativo durante el confinamiento? Consiste en atender charlas, conversatorios, entrevistas y encuentros con otros creadores, en los que todos hablamos sobre cómo es el ejercicio creativo durante el confinamiento. A veces, si queda tiempo, también escribimos sobre eso.

La vida en bucle: hablar sobre lo que se supone que hacemos y lo que hacemos es hablar sobre lo que se supone que hacemos.


No escribo diarios pero escribo una columna semanal, es decir: escribo un semanario. Mi confinamiento empezó el 14 de marzo de 2020 y desde entonces he escrito 17 columnas sobre el Cóvid-19 y sus alrededores. (¿el cóvid o la cóvid? Después de ensayar ambos me quedo con el cóvid, que es como el cáncer en más de un aspecto). He propuesto entonces 17 ángulos para aproximarse a la incertidumbre, el hastío y el miedo. Hace unos años, en la Feria del Libro de Manizales, le oí decir al escritor caleño Antonio García Ángel que el compromiso del escritor consiste en tratar de hacer una obra en cada pequeña cosa que produce, y no solo en las novelas o cuentos. He escrito entonces 17 obras breves sobre el confinamiento. Microensayos, si se quiere. Si cada texto tiene alrededor de 700 palabras, podría tener un libro corto de 17 capítulos y 12.000 palabras. ¿Editoriales interesadas? Ninguna: las pequeñas quebraron con la pandemia y las grandes publican los textos urgentes de los best sellers: los filósofos de farándula que ejercen el oficio de ser el sabio del día siguiente.

El periodismo puede aspirar a ser obra, pero obra gris. Los acabados exigen tiempos que riñen con la hora de cierre.


En “Lo que fue presente” Héctor Abad Faciolince escribe: “tener hijos es la condición que más cambia por dentro el carácter de una persona; más que ateos o religiosos, progresistas o reaccionarios, la gente se divide entre aquellos que tienen la experiencia de haber tenido hijos y los que no”.

Si cruzo la variable “hijos” con la variable “asalariado”, encuentro entonces cuatro posibilidades de los creadores frente a la pandemia:
a. Asalariado sin hijos
b. Emprendedor sin hijos
c. Asalariado con hijos
d. Emprendedor con hijos

Cuando digo “hijos” debe entenderse niños pequeños. Los mayores tienen al menos la autonomía de conectarse solos a Zoom y de calentarse la comida sin ayuda de la mamá. Cuando digo “emprendedor” debe entenderse independiente, autoempresario, gestor o rebuscador. A los asalariados que manejan las políticas públicas culturales les encanta el término emprendedor, unido al de economía naranja, porque les sirve para vestir con transparencias al emperador que camina desnudo: al artista que no cobra ni factura ni contrata desde que empezó la pandemia y constata que en el supermercado no reciben versos como pago.

La creación en confinamiento varía dependiendo de la condición del creador:
a. Asalariado sin hijos: profesor o jubilado que vive rodeado de libros y alterna sus horas de luminosa creación con divertimentos en Netflix, algo de ejercicio y experimentos gastronómicos. Le inquieta la dificultad generada durante el confinamiento para poder conseguir levadura y preparar su propio pan.
b. Emprendedor sin hijos: persona creativa que ya canceló el viaje que tenía planeado y revisa con creciente nerviosismo el saldo de su cuenta y los mensajes que no llegan a su bandeja de entrada. Mantiene el optimismo porque ha estructurado varios proyectos durante el confinamiento. Nunca le habían quedado tan bien presentados. Le han dicho “no nos llames, nosotros te avisamos”.
c. Asalariado con hijos: padre de familia que dedica sus días a reuniones que empiezan con “todos me oyen”, “si me ven”, “enciende el micrófono” o “me avisan cuando vean que ya les estoy compartiendo pantalla”. Su tiempo libre se va en revisar tareas de los hijos, en aprender a dividir con el método que usan en 2020 y en acumular cajas de huevos y tubos de papel higiénico para las clases de manualidades. Sus incursiones a Netflix son para ver Clarence, Capitán Calzoncillos y Bob Esponja. Confía en que cuando se jubile pueda retomar sus proyectos personales de creación.
d. Emprendedor con hijos: persona desesperada que sobrevive con la ayuda de la familia y lucha a diario para que los niños no noten la angustia mental que lo atraviesa. Si trabajara en un sector distinto al artístico clasificaría como desempleado.

La creación en confinamiento se produce casi de manera exclusiva en las personas de la categoría a.

Ya lo dijo Virginia Woolf: se necesita una habitación propia.


Como soy categoría “c” mis tiempos de creación son los tiempos en los que se cruzan dos variables:
a. Mi hija duerme.
b. Yo estoy despierta y no tengo trabajo acumulado.

Mis tiempos de creación ocurren a las 2:00 a.m., en las noches en que estoy desvelada.

A veces duermo mal y esa situación me genera un dilema que me hace dormir peor: si prendo el computador se me va el sueño; si no lo prendo pierdo tiempo que podría estar usando para escribir. A veces me transo por una solución intermedia: escribo en la mente y prendo el computador cuando ya tengo las ideas tan claras que “necesito escribirlas” con la misma urgencia con que se dice “necesito ir al baño”. Así escribí Teleclases.

¿De dónde surge un cuento? de una imagen, un diálogo, un personaje o un lugar. Teleclases surgió de la necesidad de capturar un lenguaje y una situación o, mejor aún: de la necesidad de guardar la memoria de mi asombro sobre un nuevo lenguaje y una nueva situación: la de mi hija de 8 años en clases por zoom.

Escribo para que no se me olvide.
Escribo para dejar constancia de las palabras.
Escribo para reírme de mis situaciones.
Escribo para poder dormir.


En “El librero”, el podcast de Jorge Espinosa y Mauricio Lleras, el librero de Prólogo, en Bogotá, hablaron hace poco sobre la dificultad que tienen para concentrarse a leer. En apariencia el confinamiento les da tiempo libre a las personas de la categoría “a” (asalariados sin hijos pequeños) pero el tiempo que podrían invertir en leer se les va en ansiedad.

Me tranquilizó oír eso: a mí también me ha costado concentrarme a leer. El tiempo libre que antes dedicaba a la lectura en soledad ahora se diluye en la vida familiar en confinamiento.

La vida familiar es cómoda en dosis pequeñas.
La vida familiar es mejor en cuartos separados.
La vida familiar es insumo literario: la vida familiar siempre es disfuncional.


Inventario sobre el confinamiento:
• 17 columnas publicadas en La Patria
• 1 cuento: “Teleclases”.
• 3 relatos: “Un secador de pelo y una pinza eléctrica”, “Noticias íntimas” y éste que están leyendo.

Sensación sobre el inventario del confinamiento: No he escrito nada. No he escrito lo que tendría que estar escribiendo: la tesis del doctorado y/o la novela que pasea en mi cabeza.

Sensación sobre esa sensación: el problema no es el confinamiento. El problema es que nunca tengo tiempo libre para lo importante porque siempre digo sí a todo. Es hora de ponerle fin a eso.

FIN.

*Escritora, periodista, abogada, profesora de la Universidad de Manizales.